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EL "SAPAN INTIQ CHURIN" O "HIJO ÚNICO DEL SOL"

Los orígenes de los primeros Inkas se pierden en la oscuridad del pasado; el mito y la leyenda tratan de suplir esta pérdida con leyendas diversas existiendo dos bastante divulgadas. La primera indica que una vez el Inti Tayta o Padre Sol, al observar el caos y hambre reinantes en la tierra decidió enviar a sus dos hijos para establecer el orden, quienes emergieron de las aguas del lago Titicaca con una barreta de oro otorgada por su padre. El nombre de ese primer Inka mítico fue Manko Qhapaq y su hermana y esposa a la vez fue Mama Oqllo; ellos debían tratar de hundir la barreta en la tierra y fundar en el lugar que sucediera la capital de su nuevo reino; de acuerdo a la tradición la barreta fue hundida en el cerro Wanakauri al sur-este de la actual ciudad. La interpretación de esta leyenda tiene un fuerte sustento real ya que se indica que Manko Qhapaq representa a toda una nación posiblemente de tiawanakenses que vivía en la región del lago sagrado; como se sabe, los terrenos más fértiles allá están precisamente alrededor del lago de tal modo que hubo un momento en que la explosión demográfica y la escasez de tierras obligó a la nación a buscar otra región rica y amplia. Se aduce además, que posiblemente el estado Tiawanako cuya capital estuvo en Taypiqala fue destruido por invasores aymaras venidos de la zona de Tucumán y Coquimbo en el sur y sus habitantes obligados así a emigrar hacia el Valle del Qosqo. Está demostrado que la civilización Tiawanako o Tiwanaku (nombre boliviano) tuvo participación decisiva en la formación del Tawantinsuyo. La segunda leyenda es conocida como de los "Hermanos Ayar" e indica que de tres ventanas en el cerro Tamput'oqo en Pakariqtanpu a unos 25 Kms. al sur del Qosqo, salieron cuatro hermanos que fueron Ayar Manko (Manko Qhapaq), Ayar Kachi, Ayar Auka y Ayar Uchu con sus respectivas esposas; quienes se dirigieron al cerro Wanakauri y luego al Qosqo donde llegó sólo Manko Qhapaq y las mujeres fundando la ciudad en nombre de Teqsi Wiraqocha y el Sol.

Es indiscutible que el Estado Inka tenía una organización política y social sui-géneris, su Jefe de Estado era el "Inka" o "Sapan Inka" conocido también como "Sapan Intiq Churin" o "Único Hijo del Sol" quien en condiciones normales debía poseer una esposa principal cuyo nombre genérico era "Qoya". De un modo simple Inka equivaldría a Rey y Qoya a Reina. De acuerdo a la tradición andina ambos eran descendientes del "Inti" o Dios Sol; y para mantener y perpetuar su sangre solar el Inka debía esposar siempre a su hermana; pareja de la cual debía nacer el heredero al trono. Por su parte, el "Sapan Inka" podía tener una cantidad ilimitada de concubinas y cantidad similar de hijos, cuenta la tradición que Wayna Qhapaq tenía más de 400 vástagos; esta prerrogativa era válida sólo para el Inka quien ocasionalmente también podía conceder una esposa adicional a nobles distinguidos.

El Inka era el resumen político y religioso de todo el Tawantinsuyo, él debía ejercer una soberanía absoluta además de ser venerado como un Dios Viviente ya que se consideraba que era el Hijo del Sol. Su pueblo acataba con sumisión sus órdenes y quienes lo rodeaban demostraban su reverencia irrestricta acercándosele en actitud de extrema humildad, para lo cual debían portar una carga en las espaldas e ir con la mirada baja. Sólo los nobles más allegados a él le dirigían la palabra y le servían de intermediarios en la conversación oficial con el resto de la gente. Además de acuerdo a la superstición de la época, junto a él estaban siempre algunas de sus mujeres que le recogían los pelos y la saliva para protegerlo de hechizos. Era transportado sobre una litera dorada y su vestidura era de la mejor calidad de lana de vicuña. Sólo él usaba la simbólica "Maskaypacha" o insignia real, que era una especie de cordón multicolor que le sujetaba en varias vueltas el "Llauto" o borla roja, enmarcada en oro y adornada en la parte superior por un broche del que nacían tres vistosas plumas de "Qoriq'ente" (Colibrí Dorado), distinguidas por su rareza. Grandes adornos dorados pendían de sus orejas deformando sus lóbulos. Vestía una túnica hasta la altura de la rodilla y una capa tejidas en lana de vicuña con incrustaciones de esmeraldas y turquesa, tenía hombreras y brazaletes de oro, en el pecho llevaba un pectoral dorado grabado con la efigie estilizada del Sol. Sus pies estaban cubiertos con "p'olkokuna" o zapatos hechos de cueros y pieles de vicuña. La familia extendida del Inka formaba su "Panaka" que a su muerte debía perpetuar la memoria de su historia y cuidar de su "Mallki" (momia); era el segundo hijo al que se le encomendaba su jefatura, puesto que el primogénito debía de sucederle; aunque esto no siempre acontecía en la práctica.

En la actualidad no existe consenso en cuanto a la cantidad exacta de Inkas que gobernaron el Tawantinsuyo desde su establecimiento. Algunos cronistas e historiadores aducen que fueron 14, otros que sólo 13; ésta última cantidad es la que tiene más aceptación. La tradición histórica reconoce a los 8 primeros a partir de Manko Qhapaq hasta Wiraqocha como los Inkas míticos. A la llegada de los conquistadores se tenía memoria casi exacta sólo a partir de Pachakuteq que gobierna entre los años 1438 y 1471 sucedido por Tupaq Inka Yupanqui que gobierna entre 1471 y 1493, luego por Wayna Qhapaq entre 1493 y 1527, posteriormente por Waskar entre 1527 y 1532, y por último por Atawallpa que usurpó el poder en Tumipanpa (actual Cuenca en Ecuador) entre 1527 y 1533. Sin embargo la Dinastía de los Inkas no termina a la llegada del invasor español, ya que con posterioridad hubo una sucesión de gobernantes para la nacionalidad Quechua. Pizarro movido por intereses diplomáticos nombró como Inka a Toparpa o Tupaq Wallpa que fue envenenado camino al Qosqo. Mas adelante se le reconoció el derecho al trono a Manko Inka o Manko II, otro hijo de Wayna Qhapaq quien en 1536 inicia la larga guerra por el restablecimiento del Tawantinsuyo; asesinado éste en Vilcabamba por dos fugitivos almagristas fue sucedido por su hijo Sayri Tupaq que murió en Yucay luego de pactar egoístamente con los conquistadores. Su hermano Titu Kusi Yupanqui le sucedió volviendo a Vilcabamba para continuar con la guerra y a su muerte por enfermedad otro hermano suyo, Tupaq Amaru continuó con su ideal siendo astutamente capturado por el capitán español Martín García Oñas de Loyola (quien después esposaría a la sobrina del Inka); el Inka fue conducido al Qosqo y ejecutado en la Plaza de Armas de la Ciudad el 24 de setiembre de 1572, en presencia del Virrey Francisco de Toledo; al final de 36 años de guerra por el restablecimiento del Tawantinsuyo y los derechos de los verdaderos propietarios de esta parte del mundo.